miércoles, 26 de marzo de 2008

La Gran Banca Norteamericana en Su Laberinto

El dramático rescate de un banco insolvente: el caso Bear Stearns (el quinto más importante de los EEUU)

Alberto Graña

En los últimos quince años, la política monetaria y financiera de los Estados unidos toleró y hasta alentó riesgosas operaciones bancarias y financieras, al crear una arquitectura que vincula mercados, inversionistas y países; una intricada red cuya dinámica es tan frenética, complejo su funcionamiento, que nadie logra entender ni muchos menos administrar.

Cuando un banco de inversión –como el Bear Stearns—declara valer 17,000 millones y luego pagan por él una suma quince veces menor a la declarada en sus libros contables, hay que admitir que algo raro ocurre con el sistema. El sistema financiero formal estadounidense se tambalea , pues el caso del Bear Stearns no parece ser el único. Día antes de que se produjera su dramático rescate, el Carlyle Capital - Hegde Fund (de una familia del círculo cercano de la familia Bush), se declaró en mora de pagos por 18000 millones de dólares; semanas antes, fuimos testigos de una corrida bancaria clásica que llevó a la nacionalización del emblemático banco Northern Rock de Inglaterra. A mediados del 2007, sucedió la quiebra del Countrywide (el mayor banco hipotecario de los EEUU), y se reportaron grandes pérdidas del sistema mixto de vivienda. Por la época, en Francia, el banco Sociedad General, anunciaba espectaculares desfalcos y tuvo que ser también rescatado de emergencia. En la actualidad, 75 bancos estadounidenses corrigen sus balances para tomar las pérdidas de sus inversiones en derivados financieros.

Todo esta conmoción, ha obligado al presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, a destinar para financiar la insolvencia de los grandes bancos de inversión estadounidenses, inmensas e inéditas sumas de dinero; política que ha generado un amplio y justificado malestar en amplios sectores de la opinión pública en Estados Unidos, que no entiende por qué el gobierno tiene que financiar las pérdidas privadas. Es probable, por esta razón, que esos dramáticos rescates cambien la historia del proceso de desregulación y globalización financiera iniciado en 1981 y así abran una nueva etapa de desarrollo del sistema.

Lo singular del rescate del Bear es que, según todas las Fuentes confiables, el peligro del colapso total fue tan real que el Equipo Económico de Emergencia tuvo que fabricar un nuevo marco legal para enfrentar la nueva situación

Cotización de las acciones del Bear Stearns.

Como se sabe, el Bear Stearns es un banco de inversión (por ello, no podía acceder a las ventanillas de créditos de emergencia del FED), lo que explica porqué el mega salvataje se hizo a través de un banco formal(JP Morgan). Además, hubo que inyectarle 30000 millones de $ de fondos públicos, en condiciones crediticias muy concesivas, tampoco nunca vistas en otras crisis financieras

de esa magnitud (1929, 1970-1980, 2001). Además de la reducción de la tasa de referencia a 2.25% y también una inyección de 200000 millones de $ al sistema bancario global. Por primera vez el 17 de marzo NYT escribió del peligro del colapso de sistema bancario. El artículo del NY Times (Slump Moves From Wall St to Main Street. Peter S Goodman March 21 2008) reporta que la crisis financiera se esta esparciendo al sector real de la economía de los EEUU. Pero, este fenómeno resulta visible desde el finales del 2007. En efecto, nuestros indicadores de grupos empresariales con fuertes perdidas en por lo menos en 1 trimestre (o algunas en proceso quiebra- Capítulo 11 y otros) están nada menos que: Nike, General Electric, Medic Assets, Caterpillar,Wall Mart-Borders, Amazon.com, Fed Express,Federal Mogul-Bujías Champion,.Ford, GM, Chrysler, la industria de autopartes y aérea. Todas, grandes y emblemáticas empresas norteamericanas.

En varios artículos publicados en Actualidad Económica (uno de ellos, El gran cambalache financiero, AE junio-julio del 2007) calculamos - en base a cifras del BIS-FMI-OECD- que el mercado de derivados financieros de los 10 mayores bancos norteamericanos, fueron casi 10 veces el PBI de los EE.UU del 2005. Según el BIS (Banco Internacional de Pagos de Basilea Suiza), en la actualidad, el mercado total de derivados financieros excede los 500 trillones de $, casi 40 veces el PNB de los EEUU del 2005. También, en 2005, reportamos una aceleración extraordinaria de la tasa del crédito de los bancos norteamericanos orientados a la especulación en los mercado de derivados financieros (hegde funds). La tasa de aumento de crédito bancario para este fin aumentó en 56% en 2003, 134% en 2004 y, 156% en 2005. Cifras histéricas e insostenibles. Se vivía en la fase maníaca del ciclo del crédito, de la expansión irresponsable de la liquidez y el crédito improductivo. Hoy entramos a la fase que Kindleberger denominaría de pánico.

La recesión también se extiende a nivel regional acentuando la tenencia que observamos a mediados del 2007, en los estados de California (particularmente en el sur), Florida y Nevada, entre otros estados donde la euforia de la burbuja inmobiliaria fue maníaca. Pero también según el NYT en la actualidad “la recesión se extiende a espacios y comunidades que hace solo pocos meses se suponían estaban inmunes”. Hace solo unas semanas los altos costos del crédito de los bonos municipales (que ya nadie compra en las subastas precisamente por el alto riesgo lo que a su vez aumenta el costo del crédito) amenazan con paralizar o reducir el financiamiento local corriente de hospitales, escuelas, refugios de desamparados, becas estudiantiles, etcétera.

En verdad, en el caso de las insolvencias bancarias que observamos en las últimas décadas y, en particular, en esta crisis financiera, la acción pública se ha convertido –crecientemente en financiadora de las pérdidas privadas pero, con fondos públicos .Supongamos que siempre sí se conserva la política (después de haber privatizado las ganancias) de seguir cargando las perdidas privadas a los contribuyentes, inversionistas y demás simples pensionistas o consumidores, por la magnitud de las perdidas y por el complejo andamio de derivados financiero a nivel global, tendremos que cargarla, no solo los contribuyentes norteamericanos, si no, todos los ciudadanos del mundo.

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